En este momento estás viendo Geras, representación de la vejez

Geras encarna la vejez, una etapa inevitable de la vida que sirve como preludio a la llegada de Tánatos, la muerte. Esta personificación no solo evoca la decadencia física y mental que conlleva el paso del tiempo, sino que también subraya su dualidad: mientras que los hombres y los mortales temían sus efectos debilitantes, los dioses olímpicos respetaban y valoraban la sabiduría y la experiencia que Geras traía consigo. Su opuesta natural era Hebe, la diosa de la juventud eterna, destacando el contraste entre lo efímero y lo eterno, entre el vigor de los primeros años y la serenidad —o el desgaste— de los últimos.

En la mitología romana, Geras se conoce como Senectus y guarda un papel similar al de su contraparte griega. Curiosamente, a pesar del rechazo humano a la vejez, los dioses permitían que Geras habitara en el Olimpo, una señal de reconocimiento hacia el valor que la experiencia aporta incluso en su mundo eterno. Además, Geras también simbolizaba el final de los excesos y las tiranías, recordando que ni siquiera el poder es inmune al paso del tiempo. Así pues, conozcamos los detalles más interesantes e impresionantes sobre aquel que evoca la vejez, Geras.

Representación de Geras en la mitología griega

Mayormente, a Geras se le representaba como un anciano encorvado y arrugado, símbolo de la decadencia física que acompaña al paso del tiempo. En épocas posteriores, su figura evolucionó, adoptando una forma más alegórica: una mujer triste apoyada en un báculo y sosteniendo una copa, mientras observa un pozo que contiene un reloj de arena, una clara referencia al tiempo limitado que queda en la vida.

Algunas piezas de cerámica del siglo V a. C. ofrecen representaciones visuales de Geras junto al héroe Heracles, aunque el contexto exacto de estas escenas se ha perdido. En algunos casos, Heracles aparece sujetando a Geras por los cabellos, lo que ha llevado a muchos a verlo como una alegoría de la victoria del héroe sobre la vejez, ya que Heracles murió joven y en el auge de su fuerza. Otras representaciones muestran a ambos personajes dialogando en igualdad de condiciones, lo que podría simbolizar el deseo de Heracles de comprender los efectos y la sabiduría que acompañan a la vejez.

Influencia sobre diferentes dioses y mitos

Como hijo de la Noche (con o sin Érebo), Geras simbolizaba la inexorable fuerza de la vejez que afectaba a todos los mortales. Se le atribuía un carácter implacable, pues ningún ser humano podía escapar de su influencia. Los dioses, en cambio, estaban libres de su poder, excepto por el efecto limitado que tenía sobre algunos de ellos. Sumado a todo esto, el culto a Geras estaba presente en diversas regiones, con un templo dedicado a él en Atenas y un altar en Cádiz.

Por ejemplo, Afrodita, con su conexión a la juventud y la belleza, era la única que podía retrasar los efectos de Geras. Esto explica su aversión a las relaciones duraderas con mortales, como en el caso de Eneas, al que solo amó por una noche. Según algunos autores, Geras también formó parte del castigo de Zeus a los hombres al enviar a Pandora. Junto a la primera mujer, Zeus habría introducido la vejez para que los hombres, temerosos de envejecer sin descendencia, aceptaran convivir con las mujeres y perpetuaran su linaje, cumpliendo así el castigo divino.

Otro de los relatos más conocidos que ilustran la crueldad de Geras es el mito de Titono, el amante inmortal de Eos. Aunque la diosa logró concederle la inmortalidad, olvidó pedir la eterna juventud, lo que condenó a Titono a una existencia miserable como un anciano decrépito. Eventualmente, fue abandonado por Eos y transformado en una cigarra, símbolo del desgaste y la decadencia.